María de Molina, esposa de Sancho IV de Castilla, reina ejemplarísima, fue Señora de Toro por especial concesión de su esposo, teniendo siempre hondo amor y grata afición a la ciudad.

María Alfonso de Meneses, hija del infante Don Alfonso y nieta del rey IX de este nombre de León, se casa en 1281 con el infante Don Sancho, hijo del Rey Alfonso el Sabio, que vive en Toro, y en Toro es donde nace su hija la infanta Isabel.

Acogida por el Concejo como Señora, recibe de ella el privilegio de 2 de noviembre de 1283, que abre un fructuosa era de mercedes que la favorecida con el especial había de conceder. Muerto Alfonso X en 1284, pasará a ser reina de Castilla y León. Escapando de la época turbulenta, la gran reina viene a Toro buscando el calor del pueblo y del Concejo que tan adictos le eran.
Perdura el recuerdo de la insigne reina en varios lugares evocados de la urbe que la tuvo por amantísima Señora, como el Convento de monjas norbertinas Premostratenses de Santa Sofía (único en España), Aquí acaso viviría la reina María la Grande hasta que se levantó el monasterio de San Ildefonso.
Junto al mismo, la reina erigió su palacio residencial, en el que pasó tantos momentos de su vida siendo reina consorte y regente por su hijo y por su nieto, que con ella habitaron también en aquel lugar.

Y en la típica calle de la Reina, escoltada de añejos edificios con entradas de grandes dovelas, antiguas rejas y heráldicas piedras labradas, se conserva la historia con el de María de Molina, porque fue Señora de dicha villa, merece el nombre de María de Toro, porque aquí vivió con más afición que en parte alguna su vida gloriosa y triste de reina y de mujer.


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