Visitante Mayo 1997
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LAS ILUMINACIONES
Enrique Juncosa
"Amé el desierto, los vergeles
calcinados,
las tiendas marchitas, las bebidas tibias.
Me arrastraba por hediondas callejuelas y,
con los ojos cerrados, me ofrecía al sol,
dios del fuego". (1)
El territorio estético que conforman las obras de Toño Barreiro es de una extensión y densidad sorprendente. No solo por su carácter multidisciplinar -pintura, escultura y fotografía-, sino por la coherencia de la estructura interna que lo sustenta. Si el refinamiento del estilo individual era una característica típica de la modernidad, para Barreiro la diferenciación estilística no es más que una liberación de las posibilidades de las experiencias vital y artística.
Una
creencia que sólo es posible desde la claridad de
planteamientos. Es así, que el núcleo de su trabajo -lo que
origina y lo que lo explica, de donde emana y en donde se
refleja-, aparece delimitado con transparencia, constituyendo
algo así como una única cuenca muy rica en sedimentaciones.
¿ Cuál es este núcleo, pues, que lo explica todo? A mi entender, la voluntad por hallar el espacio donde la luz -o el sentido- sea todavía posible. Expliquémoslo, primeramente, refiriéndonos a sus pinturas.
Estas son pinturas abstractas que no funcionan como símbolos de la no representación -como las abstracciones vanguardistas-, sino que suponen la creación de una suerte de nebulosa que invoca la revelación de un significado transcendente.